sábado, 22 de noviembre de 2014

Los argentinos al volante


¿Los argentinos cumplen las normas de tránsito? Por Lorena Fernández Bravo y Juan Del Acqua, para Revista ¿Qué opinas?

Seremos directos. Los argentinos somos poco estrictos con el cumplimiento de las normas de tránsito. Basta con pararse a mirar la calle con atención, para entender la situación. 
Las transgresiones hacia las normas de tránsito (desgraciadamente) son variadas, desde pasar un semáforo en rojo, a estacionar donde no corresponde, sin olvidar el exceso de velocidad. Y se puede seguir, desgraciadamente, se puede seguir.
Vivimos en una sociedad en donde las normas parecen estar hechas para no ser respetadas, la ventaja individual está por encima del respeto hacia el otro, a tal punto que no se respeta ni la fila del colectivo. Un gesto de solidaridad parece tener el mismo valor que el gol de Maradona a los ingleses.
¿Cuál será el motivo por el que no se respetan las normas de tránsito? Si al fin y al cabo la gran mayoría de los siniestros acontecen por el incumplimiento de las mismas. Quizás sea el poco tiempo que tiene la gente. Pero, ¿el apuro puede justificar una víctima fatal? No, claro que no. Por lo tanto, el problema no es solo "el apuro", sino la falta de conciencia de quien está a cargo del volante. Por supuesto que no se puede poner en un mismo plano a la persona que conduce en un estado de conciencia plena y a la que pasa un semáforo en rojo, pero los resultados igualmente pueden ser lo mismo.
Estadísticas de la dirección nacional de observatorio vial (Informe sobre siniestros 2013. El mismo fue extraído del sitio web de la dirección nacional del observatorio vial.), ente que depende del ministerio del interior y transporte, dice que el 70,5% de los siniestros son diurnos y los que restan (29,5%) son nocturnos. En otras palabras, la mayoría de los accidentes son causado en momentos laborales o de trámites, donde el tiempo apremia. En consecuencia, para algunas personas, el precio de llegar más rápido es transgredir la norma. Una recomendación: salgan con más tiempo de anticipación.
Nos gustaría escuchar la frase "Los argentinos manejan mal", pero que la frase salga de la boca de alguien que no se crea excluido en ella, que no sea cosa de "los otros". La gente cree que la culpa la tiene el otro, el argentino utiliza esta especie de mecanismo psicológico, poniendo los males en "la gente". Les pedimos a quienes estén leyendo que dejen de proyectar las faltas del otro y comiencen a hacerse cargo de que son todos los que formamos parte del tránsito, por lo tanto, hay que respetar las normas si queremos que el sistema funcione correctamente.
No nos excluimos, no nos lavamos las manos, ni delegamos responsabilidades. Somos conscientes de que hay situaciones que se prestan para evadir las normas, como un semáforo en rojo a las tres de la madrugada, en una calle vacía, porque parece que nada malo puede suceder, y eso es lo que muchas veces lleva a transgredir. Pero lo inesperado puede ocurrir, y cuando ocurre, no hay lugar para arrepentimientos tardíos.
La consecuencia de no cumplir las normas de tránsito pueden ser simples multas, donde se supone que uno repara la falta abonando una suma de dinero. Pero una muerte no se paga, al que se va nadie lo devuelve. Como dice el slogan, si se puede evitar no es un accidente.


"El buitre", Franz Kafka.


      Érase un buitre que picoteaba los pies de Juan. Ya había desgarrado sus zapatos y las medias y, ahora, le picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, miró un rato al buitre y a Juan y le preguntó por qué toleraba que lo picotee.
-Estoy indefenso -contestó Juan-.
El buitre había empezado a picotearlo y aunque Juan quiso espantarlo y, hasta torcerle el pescuezo, sabía que ese animal era muy fuerte y que le saltaría a la cara. Por eso prefirió sacrificar sus pies que ya estaban casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar –dijo el señor; un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? –Preguntó Juan-, ¿quiere encargarse usted del asunto? –inquirió desde el piso.
-Encantado –dijo el señor- y agregó: -no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
Juan no sabia que responder y por un instante se quedó rígido de dolor; aunque suplicó que pruebe de todos modos.

El buitre había escuchado tranquilamente todo el diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y Juan. El animal había comprendido todo: voló un poco lejos, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó profundamente el pico en la boca de Juan. Al caer de espaldas, sintió como una liberación: en su sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

Los géneros discursivos

Cada esfera de la actividad humana se relaciona con el uso de la lengua, y, a su vez, a cada una le pertenecen los enunciados de sus participantes, estos cuentan con un contenido temático y un estilo verbal específico según el género discursivo al que pertenezcan. Por lo tanto, definimos géneros discursivos a los enunciados relativamente estables que se producen en cada esfera de la actividad y comunicación humana. Además, existen géneros primarios, que se dan en situaciones informales, y secundarios, que absorben y reelaboran diversos géneros primarios. A su vez, cada esfera cuenta con sus propios géneros, según sus condiciones específicas, su función y sus condiciones determinadas, y cada género le corresponden diferentes estilos.

 Teniendo en cuenta los conceptos detallados hasta el momento, en la comunicación discursiva actúa un hablante con sus procesos activos y un oyente con sus procesos pasivos de recepción y comprensión; en cuanto al oyente, al percibir y comprender el significado del discurso simultáneamente toma con respecto a éste una activa postura de respuesta, que está en formación a lo largo de todo el proceso de audición y comprensión desde el principio, y al generar una respuesta el oyente se convierte en hablante.

 Por otro lado, todo enunciado es un eslabón en la cadena, muy complejamente organizada, de otros enunciados. Éstos son la unidad real de la comunicación discursiva y las fronteras de cada uno se determinan por el cambio de los sujetos discursivos. La posibilidad de ser contestado es un rasgo constitutivo que se determina por el agotamiento del sentido su objeto; la intencionalidad discursiva y las formas típicas, genéricas y estructurales de conclusión. La oración, en cambio, es la unidad de la lengua; sus límites jamás se determinan por el cambio de sujetos discursivos. Es una idea relativamente concluida que se relaciona de una manera inmediata con otras ideas de un mismo hablante dentro de la totalidad de su enunciado. Además, el contexto de una oración vienen a ser el contexto del discurso de un mismo hablante; la oración no se relaciona inmediatamente y por sí misma con el contexto de la realidad extra verbal y con los enunciados de otros ambientes, sino que se vincula a ellos a través de todo el contexto verbal que la rodea, es decir, a través del enunciado en su totalidad.


 Por otro lado, los géneros discursivos los podemos definir como históricos. Se desarrollan a medida que se realiza la esfera a la que pertenecen. Además, algunos géneros desaparecen y otros se transforman, esto se da a partir de los cambios sociales y culturales que se van produciendo. Otra característica de los géneros es su heterogeneidad, es decir, pueden ser orales y escritos. Pueden ser géneros altamente estandarizados o géneros más libres y cuanto mayor es el dominio, mayor es la libertad para innovar.

Que en paz descanses

Aguafuerte sobre Nuevas tecnologías y tipos sociales,
 en colaboración de Rocio Moyano y Andres Staller.

En este instante se me viene a la cabeza una anécdota que siempre recuerdo y comparto con mis allegados y sirve para introducirnos en el tema. Seguramente tenga muchas otras y a medida que aparezcan en mi mente las iré contando.                                                                                                                                        
     Años atrás, trabajaba para una agencia de medios en la parte de investigación y redacción. Me encargaba de buscar todo tipo de noticias nacionales y luego redactarlas: políticas, policiales, insólitas, deportivas, entre otras. Recuerdo haber leído cada noticia insólita que hasta llegué a dudar de su veracidad. Con el correr de los años, entendí, que siempre va a haber alguien que me sorprenda, para bien o para mal.

     Coleccionistas de muñecas viejas, fanáticos empedernidos y obsesionados de cualquier cosa;  gente con trastornos obsesivos compulsivos, fueron algunos de los que se cruzaron en mi camino. Lo más interesante era, previo a la redacción, ir hasta el lugar de los hechos y ser una especie de cronista/investigador y tratar de conseguir la mayor información extra y complementaria para sumar datos a la noticia. Todo esto, por supuesto, en tiempo record.

     A pesar de estar en contacto permanente con este tipo de historias, nunca me voy a olvidar la sensación que sentí cuando me enteré de algo que me sorprendió totalmente: a Darío, víctima fallecida el 18 de julio de 2013, le firmaban, en las redes sociales, saludándolo por su cumpleaños.


EL ACCIDENTE

     Darío Petriccelli tenía 45 años de edad, estaba casado con Analía –con quien tenía dos hijos- y residía en el barrio porteño de Villa Devoto. Sociable, alegre, extrovertido y trabajador eran algunos de los adjetivos que lo caracterizaban.

      El final de Darío fue inesperado para su familia. De un día para el otro, él ya no estaba. Cuando se encontraba manejando de regreso a su casa, después de cumplir con su jornada laboral, colisionó frente a otro vehículo y, el impacto, le quitó la vida. Hacerle la entrevista a Analía, su esposa, no fue para nada sencillo. Ella sufrió mucho la pérdida de su marido y le costó abrirse frente a un micrófono. Pocos días después, Darío hubiese cumplido 46 años.


QUE LOS CUMPLAS FELIZ


     Lo sorprendente de la noticia no fue el accidente en sí -que de por sí fue bastante traumático-, sino la repercusión que tuvo en las redes sociales, la fecha en la que cumpliría años. Miles de desconocidos comenzaron a seguirlo masivamente en Twitter mientras que, la biografía de su Facebook, se inundó de saludos por su cumpleaños. ¿De qué manera podríamos llamar a este fenómeno social que genera el uso de estas nuevas tecnologías? Si la muerte implica una desaparición física y una separación con el otro, la red social estaría generando lo contrario: sumar seguidores, mantener viva su llama y ser un canal de comunicación “virtual” con el fallecido. Seguramente no tendrá lógica, o sí, desde lo irracional. ¿Será una especie de transición del duelo o simplemente un cambio de hábitos? Parecería que el uso de nuevas tecnologías, como las redes sociales, estaría podría estar cambiando la manera de relacionarnos con las personas que ya no están.  


Allá viene el amanecer

En colaboración de Juan Dell Acqua y Andres Staller

Un proceso diario: el amanecer 


 La fase anterior se denomina comúnmente  como “noche”. Usted puede reconocerla observando el cielo: Por un lado, se aprecian pequeños puntos que brillan diseminados a lo largo de la oscuridad; también cuenta con un cuerpo redondo -de mayor tamaño- que se impone en el firmamento reflejando destellos de luz.  Sin embargo, la oscuridad predomina.


Al cabo de unas horas las sombras comienzan a disiparse, indicio de que el proceso ha comenzado. Aparecen las primeras luces denominadas “lucero del alba”. ¿Cuál es el origen de esta luminosidad? Allá, lo lejos del horizonte, comienza el ascenso de un astro dorado denominado sol. Este produce destellos de luz que iluminan el cielo. Cuando La salida del sol en el firmamento se completa, significa que se desarrolló por completo el proceso coloquialmente conocido como “amanecer”.   

Un dibujo animado: el amanecer

De ambos lados del océano, por delate y por detrás de las montañas, dentro y fuera de la selva, en todos lados la vida se divide en dos: el día y la noche. 
Hay un lugar, en alguna parte oculta del planisferio, donde cuando comienza a asomarse el sol, la gente sale despedida de la cama, los trajes de baño se ponen solos en los cuerpos como si tuvieran imanes. En la playa hay miles de reposeras esperando ser ocupadas y los protectores solares no dan a basto, se oye música a todo volumen y las notas musicales bailan al compás, nadie queda sin moverse, desde el perro y el sofá hasta la tátara abuela y su bastón. Los cócteles más refrescantes llegan a la mesa para ser saboreados y entre toda esa multitud, hay un rey de la fiesta, con ustedes: el señor Sol. 
El sol en este maravilloso acto, que es el amanecer, se asoma de a poco, le gusta hacerse desear, disfruta de los preparativos cuando aparecen sus primeros hilos dorados, y cuando se ve de cuerpo entero sobre el firmamento, le gusta saludar a su público. Aquí ya amaneció.
El saludo de sol tiene todo un particular estilo. Baja un poco sus lentes de él, y arqueando una sola ceja, con su mejor ánimo dice: "¿Qué hay de nuevo viejo?", la respuesta de la gente es lo que más le gusta.
Pero todo tiene un final, todo termina, después del amanecer y cuando ya se acaba el día, se palpita cierta incomodidad, las sonrisas comienzan a perderse entre los rostros, se baja el volumen de la música, los vasos quedan vacíos y el sol no se quiere ir pero la ley de rotación manda en este juego.
Al llegar la noche los cuerpos comienzan a palidecer y todo se tiñe de gris, las pieles se arrugan, los ánimos se tornan violentos y una noche zombie comienza a florecer.


¿El fin de los locutorio?

En colaboración de Luongo, Ignacio; Méndez, Juan; Soria, Romina.

    Lanús Este, año 2014. Pichi es un hombre que está al frente de un histórico locutorio, ubicado dentro de una galería en el centro de Lanús y frente al famoso supermercado "La Genovesa". En 1989, abrió este emprendimiento junto a su esposa Catalina y, con muchos altibajos, ambos lo mantuvieron hasta la actualidad, siendo la cabeza de este negocio dedicado a los servicios de telefonía, y que ahora también incluye servicios de Internet.
Pichi es un hombre caracterizado por su habilidad para los negocios y las relaciones interpersonales, aunque su principal rasgo es el sentido del humor que le garantizó una gran masa de clientes durante los primeros meses y logra mantenerlos tras varios años al frente del locutorio.
Después de la privatización de la telefonía en la Argentina, entre muchos procesos a nivel social, se inició uno que sirvió de sostén para la economía de muchas familias de ingreso medio en el país: los locutorios. Un lugar donde muchos de nosotros se comunicaron, imprimieron, escribieron, jugaron y hasta se enamoraron. Un lugar histórico que ahora busca una salvación.
Aunque muchos de lo que concurren frecuentemente aseguran que siguen yendo con la misma intensidad de aquellos primeros años, el boom de los locutorios claramente pasó. Agustín, un vecino que vive a dos cuadras del locutorio, asegura que “nunca dejé de ir a lo de Pichi, siempre voy, me cuenta las novedades y nos ponemos al día con la excusa de alguna que otra llamadita o algo por el estilo”.
Durante los primeros años de las privatizaciones, los locutorios –que después se convirtieron en cybers y después en una miscelánea donde se ofrece de todo– fueron un negocio rentable por varias razones, entre ellas, dos básicas: las regulaciones a las licencias de funcionamiento y las tarifas de teléfono vigentes.
Las licencias de funcionamiento tenían una restricción de espacio que no permitía que existiera otro locutorio que hiciera competencia en al menos 400 metros a la redonda. Fue una forma de tener un negocio sólido que ayudaba a la economía local y, según como estuviera la demanda, permitía la contratación de un colaborador que podía apoyar los distintos turnos. Leticia, otra vecina, parece conocer de esto y por eso “solo voy a lo de Pichi, de hecho no conozco otro locutorio en todo Lanús”.
En todos estos años, el locutorio de Pichi vivió las transformaciones, tanto físicas como culturales y sociales, que han sucedido en el terreno del negocio de la telefonía. Durante la primera etapa comentaba que era redituable contar con un emprendimiento relacionado a algún servicio y rescata ciertos puntos positivos pese a las variaciones en el rubro.
Debido a la falta de competencia y al todavía incipiente negocio de los celulares, los minutos tenían un valor que también permitía crecer de manera rentable. Sin embargo, a los 3 años, las telefónicas liberaron las licencias y se inició un boom de esta clase de emprendimientos comerciales que amenazaron su rentabilidad. Junto con otros agravantes, como los gastos de funcionamientos, las tarifas en aumento y las nuevas tecnologías, los locutorios entraron en un camino difícil en la relación costo-beneficio, que cada día se fue acortando más. Pese a esta decadencia en el área, podemos percibir según testimonios de los clientes habituales de “Pichi” que siguen consumiendo del local, sobretodo realizar llamadas a celulares y a larga distancia, cosas que a veces se dificulta para hacer desde la casa o desde teléfonos móviles.
Haciendo memoria, para Pichi las cosas no son iguales a las de hace una década atrás. En contra a las declaraciones de sus fieles clientes, el negocio de servicios como los locutorios no es redituable hoy en día, y el comerciante acusa a las compañías telefónicas de no aumentar la tarifa en las telecomunicaciones, que siguen siendo igual al año 1999. Al respecto afirma: "hoy sale lo mismo hablar 5 horas que media hora, la gente no mira el reloj de llamado cuando antes a los 5 minutos cortaban porque les parecía caro. Si tuviese que pagar alquiler no llegaría y tendría que cerrar cuando antes esto no pasaba".
Estos cambios experimentados por "Pichi" marcan que las épocas han cambiado. Y que si bien los cambios tecnológicos influyeron, para él no son los principales responsables de la baja en la demanda de los servicios de telefonía como lo es un locutorio.
Debido a estas modificaciones, recurrió a nuevas formas de servicios, como lo es internet y la carga de celulares. Los cambios dentro de su negocio son fundamentalmente producidos por la necesidad de mantener un caudal de demanda relativamente estable entre los primeros años y la actualidad.
“Una de las principales razones de los clientes a la hora de no frecuentar los cybers era la del estado de los equipos, que en su mayoría, tenían condiciones técnicas muy precarias. Otro fenómeno que empezó a afectar el negocio fue la proliferación del celular y la venta de computadoras portátiles”, asegura el dueño del negocio.
Un locutorio se inició como eso, como la posibilidad de comunicarse en la calle cuando no se estaba cerca del hogar o del lugar de trabajo. En un principio sólo fue telefonía; después, Internet. Cada negocio tenía entre 4 y 7 cabinas de teléfono e igual número de computadoras. Había hogares que contaban con PC´s, pero esos siempre fueron casos especiales. “Si bien la mayoría de los propietarios de locutorios y cybers aseveran que “todo el mundo tiene una computadora con acceso a Internet”, cabe destacar que si uno se remite a las estadísticas, sólo una parte de la población Argentina tiene acceso a Internet desde su casa. Es un fenómeno que no se advierte al vivir en grandes capitales, pero los números de dicha estadística a nivel nacional oscilan entre un 40 y 45% de personas con libre navegación por conexión de banda ancha, sin incluir la navegación de modo 3G (celulares)”. La opinión de Pichi nos hace pensar que así era un locutorio “puro”, funcionando en una frecuencia de diez horas –de 8 a 18– o con doble turno. Sin embargo, muy pocos sobrevivieron a este modelo. Para que las llamadas fueran rentables, había que cobrarlas al doble de lo que valían normalmente y, según cálculos de los mismos propietarios, para que el negocio resultara en materia de Internet, había que tener muchas máquinas en uso.

Me opongo a Horkheimer y Adorno

Según Horkheimer y Adorno, los medios de comunicación aíslan a las personas, en una variedad de campos, desde las emisiones radiales hasta los espacios laborales.
 Pero hay que tener en cuenta que la primera edición de “Aislamiento por comunicación”” es de 1944, en Alemania, hacia el final del Nazismo, lo que deja ver que su lecho era una sociedad susceptible.
 En la actualidad, los medios de comunicación lo que menos producen es aislamiento, en realidad acortan las distancias más que nunca. Gracias a la evolución y las transformaciones de los medios, hoy podemos hablar con personas que están “del otro lado charco”; podemos comunicarnos con más de una persona a la vez y no conformarnos solo con escuchar su vos, también podemos ver sus rostros; podemos hablar con un familiar o un gran amigo, a la vez hacer un trabajo para la facultad y leer el diario online. 
Aislamiento es otra cosa.
 Hacen referencia a que el mensaje del locutor radial impide que los hombres hablen entre sí. Puedo haber sucedido en los ’40 cuando tenían que estar prestando atención a la voz que salía del alto parlante; pero hoy en día así como en un bar se puede debatir sobre determinado tema, muchas radios tienen una página en la web, cuando no disponen de una línea telefónica para que sus oyentes puedan participar del tema del día.
El autismo es otra cosa.
 En los tiempos que vivimos, podemos agradecer que la sociedad se vuelve cada vez un poco más consciente. Puede ser que sea porque “hoy” vemos las consecuencias de los malos comportamientos del pasado, las equivocaciones de ese momento, la poca conciencia ambiental y social. En el siglo XXI constantemente surgen nuevos emprendimientos para reparar y comenzar a cuidar nuestro planeta, para conscientizar  a la sociedad sobre la inseguridad, marginalidad, injusticias y demás. Los medios de comunicación son los encargados de promocionar la participación en todos estos planes que nos ayudan a ser cada día un poquito mejor. 
Sofocar es otra cosa.
 Con respecto a las nuevas estructuras de los espacios laborales, se puede tornar bastante debatible. Esto tiene sobre todo un fin económico, a medida que es menor el contacto del trabajador con su colega, y mayor el que tiene con su cliente; mayor se vuelve su productividad, y quien sale beneficiada es la empresa. Lo que no se tiene en cuenta es que el empleado necesita tener contacto muchas veces con sus compañeros, no solo para distraerse, sino también para informarse sobre cómo realizar su trabajo. Pero en contraste a las palabras de Horkheimer y Adorno, el empleado, solo en su escritorio, tiene toda la compañía de los medios de comunicación que le puede ofrecer su PC, todo el control lo tiene en ese cubo, puede refutarle al cliente lo que quiera con la información que puede obtener en Internet, y va a poder operar con todos los sistemas que tenga en su computador. 
El empleado no queda expuesto, él tiene el poder.
 La garantía que nos ofrece la evolución de los medios de comunicación contra la pérdida de tiempo, la vemos en todos lados, y es la que nos hace, otra vez, más productivos. Encontramos personas, en los medios de transporte, trabajando desde sus teléfonos móviles; en el parque, trabajando desde sus laptop; en los restaurantes y hasta en las juntadas familiares o con amigos, siempre prendidos al que antiguamente era solo un dispositivo para comunicarse con una persona, y hoy es además una gran herramienta de trabajo. No se pierde tiempo, se produce tiempo.
 Por último la comunicación iguala a los hombres aislándolos, según estos dos autores. Lo que no llegan a ver es que en ese aparente aislamiento, todos los hombres están interconectados, cada uno en su espacio, porque tienen la libertad de poder hacer sus tareas sin dejar de estar en contacto con el mundo.


La evolución de los medios de comunicación produjo y seguirá produciendo un gran impacto en la sociedad. Hay que estar atentos para ver sus beneficios.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Obsesiones peligrosas

         Natascha Karpusch, hija de un jefe de la policía y una maestra jardinera, vivía en un calvario desde que tenía uso de razón. Se despertaba por lo gritos y las peleas de sus padres; a la hora de la cena, cuando ella no quería comer, su padre se enfurecía tanto que la sangre le subía al rostro y con un grito ensordecedor le hundía la cara en el plato de comida. Natscha no podía invitar amigas a su casa porque tenía prohibido hacer ruido mientras jugaba, por lo que siempre estaba sola. Sus padres siempre estuvieron peleados con sus familiares, así que Natascha tampoco tenía primos, ni tíos a quien frecuentar. Su abuela, la madre de su madre, era su salvación, su liberación, su rescatistas.
 Los viernes, después del colegio, en la puerta había un auto esperándola, que la llevaba por una ruta arbolada; disfrutaba sacando la cabeza por la ventana y dejando que su pelo fuera acariciado por el suave viento, era un símbolo claro de libertad, de saber que por un fin de semana entero no escucharía gritos, no se sentiría reprimida y podría hacer todo lo que ella quisiera, que por fin llegaba la paz, aunque fuera por poco tiempo.
 Los lunes comenzaba la tortura en el colegio y continuaba en su casa. En la escuela, no tenía amigos porque nunca podía ir a la casa de sus compañeros ni siquiera para hacer tarea. Era una niña de muy pocas palabras, que se limitaba a hacer sus deberes y contestarle a la maestra solo cuando fuera necesario.
 Los niños suelen ser muy crueles sin darse cuenta, y lo eran con Natascha, pues la cargaban por su palidez, por su escueta conversación, por sus atuendos anticuados, y no paraban hasta verla explotar en un terrible llanto. Pero eso no era lo peor: cuando tenían que ir sus padres a retirarla del establecimiento, ella rogaba de rodillas a los directivos que no los llamaran pero, al verla cada vez en una crisis más profunda, no podían hacerse cargo de tal situación sin informar a los padres; cuando ellos se hacían presentes, pedían disculpas como si tener que consolar a Natascha fuera la carga más pesada, y tomándola de un hombro la sacaban a la calle advirtiéndole que tendrían una charla muy seria al llegar a su casa. En el camino todo se iba volviendo oscuro, el cielo se ponía gris, el viento soplaba más fuerte, los árboles, de pronto, se quedaban sin hojas y solo estaban vestidos con miles de ramas formando imágenes macabras. Al llegar a su casa se desataba una tormenta con truenos y rayos, entraban los tres empapados, y, después de cruzar la puerta, el padre indicaba con un grito que se metiera en la ducha y que ni pensara en abrir la canilla del agua caliente, la ducha tenía que ser helada; al salir la ponían en un rincón, donde en el suelo había un charco de maíz, y la hacían arrodillar ahí, mientras las lágrimas rodaban sus mejillas. Pero no se animaba a emitir sonido, y después de un largo rato, dejaban que se parara, y con un tono de voz muy elevado la amenazaban con que la próxima vez sería mucho peor, y además, el castigo sería doble. En medio de la amenaza, la torturaban con los insultos más hostiles que se le pueden decir a una niña, el odio que sobre todo el padre emanaba de sus ojos, era indescriptible, y la madre, afligida pero sin dejar de apoyarlo, por momentos se secaba las lágrimas pero al mismo tiempo la presionaba para que cumpliera con su castigo, y la maldecía por hacerlos ser de esa manera, porque para sus ojos la culpa de la violencia era toda de Natascha.
 Pero una tarde sucedió lo inesperado: después de la tortura de la clase, Natascha salió del colegio para volver a su casa, pero en la mitad el camino la sorprendió un joven de pelo corto, con anteojos, campera de Jean, pantalón largo y zapatillas; una persona normal, que se puso a charlar, y aunque ella no respondía, finalmente la sedujo proponiéndole una merienda en su casa. Para retrasar la llegada a su hogar, que nunca dejaba de ser terrible, acepto ir, siempre que no le hiciera muchas preguntas y luego la dejara volver sola. No podía concebir la idea de que la vieran llegar acompañada de un hombre.
 Al llegar a la casa del joven, se sentaron en un living con cortinas, por donde se filtraba un poco de sol de la tarde. El hizo té y sirvió unas galletas de chocolate, las preferidas de ella, por lo que le preguntó como lo había adivinado, y el respondió que hacía un tiempo que la venía observando desde muy cerca, sin que ella pudiera darse cuenta, Natascha se sorprendió pero no le dio mucha importancia.
 A la mitad de la merienda, todavía no sabía el nombre de su acompañante, pero el sí sabía mucho de ella, y aunque no le gustaba esa situación tan despareja, se animó a preguntarle su nombre; era Joaquín. “Bonito nombre” pensó ella y terminó de beber el último trago de té.
 La tarde había sido muy silenciosa, porque sus rostros habían sido los que habían hablado: el de Joaquín mostraba una felicidad plena, con un poco de obsesión, y una ansiedad enorme; el de Natascha reflejaba solo curiosidad y quizás un poco de preocupación por la hora y la vuelta a casa; Joaquín lo intuyó, le preguntó qué era lo que la aquejaba, y ella de a poco, comenzó a relatarle la difícil vida que llevaba, aunque justificaba a sus padres diciendo que ella era una mala niña, que siempre se portaba mal, que hablaba de más y no era lo suficientemente bien educada, que todo era su culpa.
 Finalmente, decidió que deseaba volver, que ya era tarde. Entonces Joaquín se transformó: frunció tanto su ceño que se tornó serio, tanto que ni siquiera su padre, se había puesto así, y sin ningún otro gesto, le expresó que ella no saldría de esa casa, que había conseguido el boleto de entrada pero no sería tan fácil obtener el de salida.
 Cuando por primera vez en su vida Natascha creyó tener un amigo, de pronto este se había convertido en su raptor, no podía creerlo. Trató de hablarle calmada sin dejarse apoderar por la desesperación, explicándole que sus padres eran muy bravos, que podían ser gente peligrosa, que era mejor no llevarles la corrientes ni intentar jugarles una mala pasada, que lo mejor sería que ella volviera a su casa y si él quería, podían volver a encontrarse al día siguiente para merendar juntos otra vez. Pero Joaquín no quería entrar en razón, no quería que Natascha saliera de su casa, no quería dejarla volver a ese infierno.
 Él solo buscaba una amiga, y ahora quería convertirse en su “héroe” salvándola del calvario que era su casa, aunque eso requiriera convertirse en un secuestrador. Tuvo que ponerse firme en su posición, colocándose la careta del más maldito, y amordazándola, la hizo bajar una escalera que los conducía al sótano, y allí la sujetó a una silla. Sabía que al dejarla encerrada en ese cuarto, iba a querer escapare, pero él no lo iba a permitir, no iba a dejar que una niña que ya se había convertido en un ser tan preciado para él, se perdiera en las obsesiones de unos seres malignos como eran sus padres. Y efectivamente Natascha comenzó a gritar con todas sus fuerzas, y trató de zafarse de sus ataduras, pero fue inútil. Joaquín agradecía haberla dejado en el sótano porque con semejantes gritos, si hubiera estado en la planta baja cualquiera podría haberla oído.
 Mientras tanto, ante la tardanza, su madre comenzó a preocuparse y su padre, en vez de consolarla o tomar alguna medida sobre el asunto, solo se enfurecía cada vez más. Al tener contacto con la policía, cuando se cansó de la insistencia de su esposa, fue hasta la comisaría más cercana para comenzar una búsqueda intensa, por cielo y tierra, preguntando a todo el colegio pero nadie supo decirle nada. Como Natascha siempre actuaba de manera extraña y hablaba muy poco con sus compañeros, nadie había registrado algo fuera de lo corriente.
 Los días pasaron y la búsqueda se hizo cada vez más frustrante; el padre canalizó su frustración agrediendo a su esposa, a quien golpeaba hasta que su rostro sangraba, y no aguantaba más su propia rabia. Entonces terminaban los dos en el suelo, desgarrados de dolor y sin dejar de llorar, era una mezcla de furia, impotencia, obsesión y locura.
 En el sótano de la casa de Joaquín, el captor y su presa hablaban durante horas, y a medida que pasaban los días se iban encontrando comprendidos el uno por el otro, apoyándose, cuidándose, sin saber muy bien que lo hacían.
 Ese sótano se había convertido en el lugar más acogedor del mundo para Natascha: tenía su cama, con mucho abrigo; una tele, con muchas películas, con las que podía entretenerse durante la ausencia de su protector. A la hora de la cena, preparaban una mesa para dos, con un mantel de seda, unas velas y se servían la comida preparada por él, con la mayor dedicación. Cenaban mirándose a los ojos, volviendo a sus conversaciones eternas, y terminaban acostándose a cualquier hora de la madrugada. Joaquín no dejaba un solo deseo de Natascha sin complacer: quería un dulce y él se lo traía; una revista, y la conseguía; una prenda en especial, y el iba en busca de ella. Realmente quería verla feliz, aunque supiera que teniéndola en ese reducido espacio su felicidad plena nunca sería posible, y esta idea lo angustiaba.
 Se apoderaba de él la impotencia y no sabía qué hacer para remediar el error de haberse propuesto sacarla del infierno y haber terminado metiéndola en una farsa que era este intento de felicidad que terminaría frustrándolo a él y, desvaneciendo la felicidad de ella. Pudo mantener la situación bastante tiempo, pero al octavo año, cuando la vio por primera vez sentada en un rincón inundada en llanto, y le demostró que no soportaba más estar encerrada entre cuatro paredes y ver la luz del sol solo cuando ella se lo pedía con insistencia. Estaba cansada de pedir piedad toda su vida, dentro y fuera de su casa. A partir de ese momento, Joaquín sintió que la situación había comenzado a ser muy pesada, quería enmendar su error, pero a la vez no quería devolverla porque sabía su destino y ya no concebía la idea de separarse de Natascha.
 Entonces llegó la depresión, bajaba a verla, pero sus conversaciones se acortaron cada vez más; cuando la miraba a los ojos y no podía evitar angustiarse, tenía que subir la escalera corriendo y salir lo antes posible de ese lugar. Cundo llegaba arriba, cerraba la puerta y se deslizaba hasta quedar sentado en el piso, sin fuerzas y quebrado en llanto, no entendía lo que sucedía ni cómo había llegado hasta tal punto; estaba en una encrucijada sin salida.
 Una noche después de cenar juntos, Joaquín se despidió con un beso en la frente, esperó a que Natascha se acostara para arroparla y subió la escalera lentamente, como si sus piernas se hubieran vuelto barras de hierro. Pero al llegar a la planta baja caminó con decisión, como si la pesadez hubiera quedado en el sótano; salió al jardín y buscó una soga en el cuarto de herramientas, regresó a la casa, ató la soga a la viga del techo del living, y dispuso una horca. Solo restaba tomar valor, pero realmente estaba decidido. Había pasado muchos años inmerso en una angustia fatal y había llegado la hora de dejar que su objetivo lo terminara de realizar el destino: si Natascha debía salvarse, el universo se ocuparía. Se paró sobre una mesa pequeña en el medio del living, colocó su cabeza en la horca, y sin titubear ni dejar pasar muchos segundos, puso un pié en el aire y al instante el otro.
 Después que hubiera pasado un tiempo sin que Natascha recibiera ni alimento ni se supiera nada de Joaquín, sonó un timbre, un tío de Joaquín que hacía muchos años no iba a visitarlo, insistió algunas veces hasta que se asomó por la ventana, y por un leve reflejo pudo distinguir el cuerpo de Joaquín colgado. Llamó a la policía rápidamente, la que después de registrar la escena, se llevó el cuerpo, mientras revisaban las demás instalaciones de la casa, encontraron el sótano y su extraña habitación, entraron y Natascha tuvo una crisis de nervios,  pese a su debilidad, comenzó a gritar y patalear sin dejar que la sujetaran; llamaba a Joaquín pidiéndole socorro. Hasta que por fin lograron hacerla ascender a la planta baja, y fuer allí que vio lo que la hizo pensar en lo ocurrido y entonces perdió la estabilidad y comenzó de nuevo a gritar y pedir explicaciones. El oficial tuvo que informarle lo sucedido: ella no podía creer que la única persona con la que había estado los últimos ocho años, el único que había logrado comprenderla y había intentado ayudarla, ya no estuviera a su lado.
 Tiempo  después, cuando se fue armando el rompecabezas de su identidad y se reconstruyo la historia de su desaparición, las autoridades pusieron en contacto a Natascha con sus padres.
 Ningún vínculo positivo sintió que la unía a ellos… y pensó que sí Joaquín había podido apartarla de ellos, ella también podría, porque tendría dentro suyo la fuerza de los dos, y sin pensarlo se paró del sillón donde se encontraba, pidiendo permiso, y sin dejar pensar a nadie, desconcertando a todos, salió corriendo de la casa. Los últimos días de soledad no le habían quitado las fuerzas para escaparse de la terrible vida que veía aproximarse, corrió, corrió desesperadamente hasta que se detuvo a descansar, a recobrar fuerzas, se topó entonces con un móvil que conducía el oficial de la policía, a quien Natascha rogó que no la devolviera a sus padres.

 En un largo relato convenció a las autoridades que no la devolvieran. Como ya era mayor de edad, hicieron un pacto: ella no volvería con sus padres, ni se tomarían cartas en ese asunto, pero tampoco quedaría libre como si nada hubiera sucedido, sería internada en un Psiquiátrico, en el mejor de Viena; haría las declaraciones necesarias para dejar el caso esclarecido y podría descansar en esa institución que la cuidaría de la mejor manera. Aunque no le agradaba la idea, aceptó porque realmente ya se había quedado sin fuerzas, ni físicas ni psíquicas, y quería recostarse y lamentar tranquila la perdida de su único compañero, de toda su vida, pasada y futura.

Un recorrido por "Los oficios terrestres" de Walsh

Nota
21/08/2014
20:45 h.
Subte, a la vuelta de la facultad.
El origen del libro. Cuando dice: "Esa mujer" es ¿Eva Perón?
La maravillosa manera de Walsh de unir dos momentos tan ansiados. "1964, pero no tardé tres años, sino dos días: un día de 1961, un día de 1964".

Esa mujer
21/08/2014
21:30 h.
Tren, con ganas de llegar a casa.
Me sucede que relaciono Alemán o Inglés con las características físicas del coronel y no puedo concebirlo.
Describe Buenos Aires y entre tantos disturbios, idas y venidas yo también la considero una ciudad maravillosa.
21:38 h.
Siempre buscando verdades.
21:43 h.
Estación Aratas.
¿Qué habrá sido lo que llevó a resguardar la identidad de estas personas?
Descripciones muy fuertes "Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente, se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada".
21:48 h.
Sí probablemente sea Eva Perón.
21:58 h.
Estación Lynch.
Acude contantemente a la enumeración de características.
21:57 h.
Estación Lourdes.
Así ha de ser la tarea del periodista, escarba, insiste sin miedo o sin importarle el miedo, se olvida de la vergüenza, ya no sabe lo que es y puede sentirse frustrado algunas veces, pero salir victorioso otras tantas.

Fotos
22:11 h.
Estación Rubén Darío. 
Totalmente, no entiendo el recurso que utiliza, la idea.
22/08/2014
Colectivo 39.
18 h. y algo
Una conocida estudia cine y habla sobre lo difícil que es capturar o ver un crepúsculo.
18:40 h.
Estación Lacroze, esperando que salga el tren.
Los términos que utiliza Walsh evidencian su relación como nativo con el lenguaje que nos trae en cada línea; o una muy profunda investigación aunque creo más en lo primero.
18:50 h.
No puedo darme cuenta si él le escribe a la madre o ella a él. Por ciertas expresiones creo que es la madre la autora de la carta pero el destinatario también es ella, no entiendo.
19 h.
Estación Bosch.
El arte de la metáfora es increíble, y como puede transformar el paso del tiempo en cinco renglones que van mucho más allá de todo. "Las novias y los cadetes se volvieron amarillos en la vidriera, el neón se desangró, las placas se velaban, las lentes se pudrían con ojos enfermos, el gusano del mundo nadaba en las cunetas, cada línea se corrompía y vos te tocabas la cabeza".
19:50 h.
Una crónica muy realista, con un poco de misterio que deja algunas cosas poco claras (O quizás es mi cansancio mental).

El soñador
20:58 h.
La combinación del presente y el sueño, el reflejo de uno en el otro. Lo que las mujeres pueden entender.

Imaginaria
22 h.
Otro día.
Estación Devoto.
Se focaliza en un soldado, localizador interno. ¿Narrador en segunda persona?
Hay una mezcla de muchas cosas; una mujer, un soldado dormido en su guardia mientras se acerca el teniente, se aleja, el soldado lo apunta, el apunta a las estrellas y no mata a nadie.

Irlandeses detrás de un gato
22:05 h.
Narrador en tercera persona, ¿focalizador externo o focalizador cero?
Sabe sobre la naturaleza oculta de un recién llegado.
22:10 h.
Narrador omnisciente, sabe lo que hay en la mente del chico. Se utiliza una cantidad incalculable de metáforas.
03/09/2014
18:40 h.
Junin 222.
Y entre tanto relato extendido el momento de lucha, el doloroso y culminante enfrentamiento se pasa por alto, o yo no le presté atención y me perdí lo mejor.
La ida sin vuelta del mundo adolescente.

Corso
18:42 h.
Su léxico informal ya característico. Es como hablar con un hombre del mundo del tango.
18:48 h.
Para distender después de un relato de suspenso.
Bom fim.

¿Y si no quiero ser tu amigo?

La amistad es una relación entre dos o más personas, que se produce después de un período de conocimiento de ambas partes. Da como fruto la confianza, el apoyo en una variedad de situaciones, afecto en todas las circunstancias necesarias y, en las que no se necesita, también puede ser recibido, por el solo hecho de pertenecer a este círculo. La mayoría de las personas tiene una relación interpersonal de este tipo, y los que no, andan por la vida comunicando que no la tienen, por no decir “lamentando”. Si bien puede darse a distintas edades y en distintos grados de importancia, querer ser parte de esta relación implica cierto conocimiento del otro integrante.
 El problema surge cuando un paracaidista de la vida toma la decisión de caer en la nuestra con una “solicitud de amistad” de cualquier tipo de red social; y de pronto aparece un rostro que nunca vimos en el largo o corto tránsito por nuestras vidas, que nos pregunta de una manera algo indirecta, al estilo de los chicos de jardín: ¿Querés ser mi amigo? A ver ¿Así como si nada? Empezar directamente una amistad, conociendo solo su nombre y su apellido, corriendo el riesgo de que ni siquiera sean reales. De hecho, tengo mis serias dudas sobre que el nombre de una persona pueda ser “ShiIiiKita Mimosa”; confiando en una foto que en el mejor de los casos puede ser el rostro que lo identifique (pero no necesariamente), en esa fotografía puede estar su perro, su tío, su abuelo, su héroe favorito o el cantante de rock con mejor fama; en el caso de que sea una persona la que aparezca en la foto, porque también suelen poner dibujos animados, frases, paisajes y demás; la pregunta en esos últimos casos sería: ¿Torre Eiffel quiere ser mi amiga? O ¿Chistiano Ronaldo? O ¿Bobby, el perro de este ser que no se quién es? Nunca medí los límites de mi conocimiento público pero parece que son insospechados. Otro dato es lo insólito del nivel de esta búsqueda amistosa, o el supuesto nivel, porque nunca sabremos la certeza de los datos que se manejan, pero siendo un poco crédulos y confiando en esos datos, puede proponernos amistad desde un afgano hasta un neoyorkino, sin filtros de distancias, y por más que la tecnología las acorte, tampoco harán uso de estos beneficios porque no pretenden comunicarse, solo suman “amistades”.
 Ellos son un monumento a Roberto Carlos, juegan competencias virtuales para ver quién posee más amigos en las listas de estas famosas redes, y apostaría dinero a que no llegan a hablar ni con la mitad de sus contactos amistosos, pueden agregarte pero jamás hablarte. ¿El sentido? Acumular gente; así como los políticos acumulan votos, ellos acumulan amigos y cada día que pasa degradan un poco más el término amistad; que pierde valor, como otro efecto de la globalización en la que estamos inmersos: globalización tecnológica, económica y de valores.

 Por eso les pido, queridos lectores: amíguense con sus verdaderos amigos. Y les pido encarecidamente a los encargados de estas redes sociales, que sepan separar el concepto “amistad” de todos los otros rubros: gente conocida, gente a conocer, contactos laborales, famosos y demás. Que no se pierda entre la actualidad y la “tecnologización” el valor de los seres más preciados que un ser vivo puede tener.
Ella es el ser mas preciado que yo puedo tener como amiga.

jueves, 12 de junio de 2014

Wakefield, Nathaniel Hawthore

Wakefield es un hombre con una vida sin grandes alteraciones, lleva diez años de un tranquilo matrimonio, al lado de la mujer que había decidido darle a ese hombre, de débil carácter, un lugar en su corazón. Cierto día, por locura, capricho o como un niño que realiza una travesura, decide irse de su casa, diciendo que en unos días volvería. Nunca sospechó lo que sucedería más tarde; esos días se multiplicaron en la búsqueda de descubrir el efecto de su ausencia, sin advertir que, siendo una persona poco significante, al poco tiempo lo darían por muerto pero su mujer, no muy segura de que realmente hubiera muerto, guardó una duda o una esperanza.
 Wakefield estaba muy cerca de su familia, pero solo en términos de distancia, porque presumo que no tenía sentimientos. De pronto, al caer en la realidad de las circunstancias por él creadas, se da cuenta de que no quiere continuar en una vida solitaria y sabe que no estará mejor en otro lugar que no sea en su casa.

 En este relato, Hawthorne nos deja ver que las personas se ajustan de tal manera al sistema que, al apartarse uno de éste, puede quedar olvidado, rezagado en el camino.

El frío en la sangre

     De niña tuve el rol de detective casi profesional, gracias a mi madre, una mujer muy inteligente, aunque también muy impulsiva, de huesos e ideas muy grandes, lo suficiente para estrecharnos entre sus brazos a mis dos hermanos y a mí. Se casó con mí padre cuando eran muy jóvenes y ella siempre aparentó menos edad que el. Dmitri Dmitrich Gurov, mi padre, creía que las mujeres eran una raza inferior, aunque era con las mujeres con quien se sentía más cómodo. No le agradaba estar mucho tiempo en casa, y cuando mi madre comenzó a notarlo, se llenó de dudas y no se quedó de brazos cruzados: decidió convertirme en su Sherlock Holmes personal; había decidido que yo era lo suficientemente grande de edad y pequeña de estatura para poder seguir a mi padre a donde fuera sin que él lo notara, y así fue.
 Mi trabajo comenzó en uno de sus viajes a Yalta, cuando tuve que meterme en la bodega del tren; pero como siempre fui muy escurridiza, no tuve grandes dificultades. Al llegar tuve que visualizarlo y correr disimuladamente atrás de él. Mi madre me había dado suficiente dinero para mantenerme, así que pedí una habitación en el mismo piso que el y lo seguía cada vez que salía, por lo general, se sentaba a la orilla del mar. Por las bajas temperaturas tenía que abrigarme tanto, que si pasaba a su lado no me reconocía. Todo parecía muy rutinario, hasta que un día mí padre fue a almorzar y allí estaba ella, una señora con un perrito, la mujer que cambió nuestras vidas. Hablaron, fueron a caminar y parecían un par de amigos que se encontraban después de mucho tiempo. Mí madre tenía claro lo que me mandaba a hacer y sabía, sobre todo, porque me confiaba la tarea de detective: yo era la mujer más celosa de toda Rusia, y tenía claro que no iba a abandonar mí misión sin antes descubrir lo que sucedía. Pasaron esta tarde juntos y la siguiente y la siguiente. Tuve que verlos besarse, abrazarse, estar tardes y noches juntos, hasta que ella recibió una carta que me hizo creer que todo había terminado, que mi padre volvería a casa y sería el mismo de siempre, me llevaría al colegio, pasaría tiempo en casa, volvería a discutir día tras día antes de irse a dormir con mi madre, que todo volvería a la normalidad y por un tiempo así fue. Después de esa carta, la señora del perrito partió y con mi padre, sin que él lo supiera, regresamos a casa.
 Pasó todo el invierno, la primavera, y al llegar las vacaciones de verano, toda mi teoría de "vuelta a la realidad" se desvaneció como hielo en el desierto. Mi padre decidió volver a partir, y por supuesto yo fui detrás ¿Qué pasaría esta vez?
 Nos dirigimos a Moscú. Otra vez el vapor del tren, la muchedumbre, los abrigos de piel, el frío. Mí padre eligió la mejor habitación del hotel y yo no fui menos que él. Mientras él dormía, yo disfrutaba de competencias de salto sobre la cama contra mí misma, pedía los mejores chocolates y jugos. Cuando me daba cuenta de que él salía, me abrigaba e iba tras él. Se paraba frente a una casa y no dejaba de mirarla, se cansaba y volvía al hotel. Una noche decidió ir al teatro, por lo cual debí elegir mi mejor vestido para acompañarlo disimuladamente. Nos sentamos, él en una fila, y yo, dos mas atrás. Las señoras me miraban sorprendidas, pues no era común que las niñas de doce años fueran solas al teatro, pero mí trabajo no me dejaba prestarles mucha atención. De pronto, mí padre no estaba más en su asiento, en el momento que me distraje desapareció y tuve que salir corriendo, buscándolo por todo el teatro hasta que lo vi correr detrás de una mujer ¿Cómo podía tener a un hombre tan terrible como padre? ¿En qué momento mí madre había dejado de ser tan inteligente? La conveniencia siempre fue terrible.
 Y allí estaba él, otra vez besando a la misma mujer, que se notaba asustada, confundida, mientras mí padre, con su gran poder de seducción, no hacía más que persuadirla, y ella le prometía que iría a verlo a Moscú. Parecían enamorados,  pero para mí era el amor menos tierno del universo.
 Volvimos a casa, me confesé con mi madre y transformé mi hogar en un cuartel de guerra: volaron platos, copas, floreros, hasta que todo terminó en llanto. Me sentía culpable en esa historia, pero prefería serlo antes de ser cómplice de un engaño, pues mí padre estaba rompiendo las reglas y yo no podía soportarlo.
 Después de días entero de silencio, de a poco mis padres volvieron a hablarse, pero nada había cambiado. Volví a seguir a mi padre y volví a ver a la señora del perrito abriéndole la puerta. La historia no había terminado pero yo le daría un fin vengando a mí madre.
 La última noche que se vieron, como siempre fui tras mí padre, y después de esperar una hora en la esquina, decidí irrumpir en la intimidad de los dos amantes, pues nada me importaba. Saqué de la cartera de mi padre la pistola que siempre llevaba.
 En la habitación quedó olor a pólvora, a traición, a venganza, a amantes. Guardé el arma en la cartera, cerré la puerta con cuidado y volví a mi casa. Un día, mi madre y mis hermanos se cansaros de preguntar por Dmitri.

Cuando leí lo que no sabía

     Alrededor de los 10 años, me crucé con un libro que me mostró una realidad desconocida, hasta ese entonces, para mí. Tengo un hermano 5 años mayor que yo, a quién en el colegio le hicieron leer "Mi planta de naranja-lima", de José Mauro de Vasconcelos, un escritor brasilero. A mí siempre me gusto leer, y al ver rondar ese libro por mi casa, decidí hacerle un lugar entre mis manos y prestarle un poco de atención. Solía leer en la cama, cuando tenía ganas y no tenía que hacer tarea. Prefería estar sola pues era un libro que me emocionaba mucho y pasaba todo el tiempo llorando; por eso no quería que me vieran. No recuerdo muchos detalles si quiero rearmar la escena; lo único que no puedo borrar es como se me caían las lágrimas cada vez que leía las cosas que le pasaban a Zezé, el protagonista del libro, un chico de corta edad, que conoció la tristeza demasiado rápido, de clase baja y con muchos hermanos que ayudaba en su casa lustrando zapatos en la calle. Se divertía con su planta de naranja-lima y de todo él tenía la culpa.
 Este libro me enseñaba que no todos los chicos tenían una infancia feliz. En vez de dedicar su tiempo yendo al colegio, tenía que ir forzado a trabajar, yo no podía entender que a esa edad, tuviera que preocuparse por el dinero, en vez de por cuál era el dibujito que estaban pasando en la televisión, o porque se hacía la hora de entrar a casa mientras andaban a diez mil por hora en bicicleta; me mostró que no a todos les daban los gustos como a mi, aunque se portaban mucho mejor, tarea fácil porque yo no era un monumento a la obediencia, sino todo lo contrario, no hacía las macanas de Zezé, no inventaba víboras de tela para asustar a las vecinas, pero sí me vivía trepando a los árboles como la mejor versión femenina de Tarzán, y no había vez que no volviera con un chichón o una raspadura, y si bien algún chirlo me habían dado, no me degradaban como a ese chico, y eso que él sentía, a mí me dolía muchísimo.
 Hace poco pude leer la continuación, "Vamos a calentar el sol", mostrándome una mejora en la vida de Zezé, lo cual me dejó un poco más tranquila, pero a la vez decepcionada, porque apenas una sola vez se me pusieron los ojos vidriosos en todo el libro, lo que me sembró una duda: ¿Me volví insensible en el camino de los 10 años hasta hoy, cambió mi manera de ver las cosas, o simplemente la vida de Zezé había dejado de ser tan trágica?

martes, 13 de mayo de 2014

Tú y yo, de Niccoló Ammaniti

 Niccoló Ammaniti nos relata la historia de un adolescente que dice ser diferente a todos los demás, que cree que solo sus familiares más cercanos y él son especiales. Durante la secundaría encuentra un grupo de adolescentes con los que se siente identificado, diferentes entre tantos iguales. Tal es el deseo de acercarse a ellos que inventa una historia que hace muy feliz a su madre, pero más tarde no puede desmentirla, pues, la defraudaría muchísimo. Entonces se embarca en una mentira que lo lleva, finalmente a descubrirse como persona amable, con amor hacia otra persona que no fueran sus padres o su abuela Laura, sorprendentemente ayuda a su media hermana a quien antes había, ignorado e, incluso,  intentado matar en un ataque de ira.
 Esta novela nos muestra los problemas de un niño que se va haciendo adolescente, encuentra la manera de engañar a sus padres para aparentar ser como todos los otros, usando el ingenio y la farsa, para encerrarse  paz, dentro de su propio mundo.

sábado, 26 de abril de 2014

Esto sería una Lorena

 Me llamo Lorena desde un 2 de Febrero de 1990, y, desde algunos días después, vivo  en el partido Húrlingham, provincia de Buenos Aires. Hoy me encuentro cursando Taller de Expresión, una de las materias de la carrera de Ciencias de la Comunicación, la que elegí para, algún día, llegar a ser periodista. Se ganó mi interés la locución y la gráfica entre otras tantas cosas, tuve una sola experiencia en una radio barrial: mientras  cubría el espacio de noticias de música, se lanzó un CD en tributo a Mercedes Sosa, interpretado por distintos cantantes. Cuando lo anuncié dije que Mercedes Sosa era quien lanzaba el disco, en el año 2012. La cantante había fallecido el 4 de Octubre de 2009, o sea, habían pasado ya 3 años… dadas las circunstancias, provoqué un concierto de risas. Experiencia que habla sobre mi dispersión, diría que crónica.

 Diré también que tengo un mal genio recurrente, escasa iniciativa, soy enemiga de las matemáticas, afortunada en amistades, fanática del mar, horrenda para hablar en público, especial para hablar de lo que no debo en lugares inoportunos, enamorada de los animales, cómplice de mi timidez, de amores rápidos e ilusiones inmensas y un poco enredada con mis palabras.