sábado, 22 de noviembre de 2014

Que en paz descanses

Aguafuerte sobre Nuevas tecnologías y tipos sociales,
 en colaboración de Rocio Moyano y Andres Staller.

En este instante se me viene a la cabeza una anécdota que siempre recuerdo y comparto con mis allegados y sirve para introducirnos en el tema. Seguramente tenga muchas otras y a medida que aparezcan en mi mente las iré contando.                                                                                                                                        
     Años atrás, trabajaba para una agencia de medios en la parte de investigación y redacción. Me encargaba de buscar todo tipo de noticias nacionales y luego redactarlas: políticas, policiales, insólitas, deportivas, entre otras. Recuerdo haber leído cada noticia insólita que hasta llegué a dudar de su veracidad. Con el correr de los años, entendí, que siempre va a haber alguien que me sorprenda, para bien o para mal.

     Coleccionistas de muñecas viejas, fanáticos empedernidos y obsesionados de cualquier cosa;  gente con trastornos obsesivos compulsivos, fueron algunos de los que se cruzaron en mi camino. Lo más interesante era, previo a la redacción, ir hasta el lugar de los hechos y ser una especie de cronista/investigador y tratar de conseguir la mayor información extra y complementaria para sumar datos a la noticia. Todo esto, por supuesto, en tiempo record.

     A pesar de estar en contacto permanente con este tipo de historias, nunca me voy a olvidar la sensación que sentí cuando me enteré de algo que me sorprendió totalmente: a Darío, víctima fallecida el 18 de julio de 2013, le firmaban, en las redes sociales, saludándolo por su cumpleaños.


EL ACCIDENTE

     Darío Petriccelli tenía 45 años de edad, estaba casado con Analía –con quien tenía dos hijos- y residía en el barrio porteño de Villa Devoto. Sociable, alegre, extrovertido y trabajador eran algunos de los adjetivos que lo caracterizaban.

      El final de Darío fue inesperado para su familia. De un día para el otro, él ya no estaba. Cuando se encontraba manejando de regreso a su casa, después de cumplir con su jornada laboral, colisionó frente a otro vehículo y, el impacto, le quitó la vida. Hacerle la entrevista a Analía, su esposa, no fue para nada sencillo. Ella sufrió mucho la pérdida de su marido y le costó abrirse frente a un micrófono. Pocos días después, Darío hubiese cumplido 46 años.


QUE LOS CUMPLAS FELIZ


     Lo sorprendente de la noticia no fue el accidente en sí -que de por sí fue bastante traumático-, sino la repercusión que tuvo en las redes sociales, la fecha en la que cumpliría años. Miles de desconocidos comenzaron a seguirlo masivamente en Twitter mientras que, la biografía de su Facebook, se inundó de saludos por su cumpleaños. ¿De qué manera podríamos llamar a este fenómeno social que genera el uso de estas nuevas tecnologías? Si la muerte implica una desaparición física y una separación con el otro, la red social estaría generando lo contrario: sumar seguidores, mantener viva su llama y ser un canal de comunicación “virtual” con el fallecido. Seguramente no tendrá lógica, o sí, desde lo irracional. ¿Será una especie de transición del duelo o simplemente un cambio de hábitos? Parecería que el uso de nuevas tecnologías, como las redes sociales, estaría podría estar cambiando la manera de relacionarnos con las personas que ya no están.  


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