La amistad es una relación entre dos o más personas, que se produce después
de un período de conocimiento de ambas partes. Da como fruto la confianza, el
apoyo en una variedad de situaciones, afecto en todas las circunstancias
necesarias y, en las que no se necesita, también puede ser recibido, por el
solo hecho de pertenecer a este círculo. La mayoría de las personas tiene una
relación interpersonal de este tipo, y los que no, andan por la vida
comunicando que no la tienen, por no decir “lamentando”. Si bien puede darse a
distintas edades y en distintos grados de importancia, querer ser parte de esta
relación implica cierto conocimiento del otro integrante.
El problema surge cuando un
paracaidista de la vida toma la decisión de caer en la nuestra con una “solicitud
de amistad” de cualquier tipo de red social; y de pronto aparece un rostro que
nunca vimos en el largo o corto tránsito por nuestras vidas, que nos pregunta
de una manera algo indirecta, al estilo de los chicos de jardín: ¿Querés ser mi
amigo? A ver ¿Así como si nada? Empezar directamente una amistad, conociendo
solo su nombre y su apellido, corriendo el riesgo de que ni siquiera sean
reales. De hecho, tengo mis serias dudas sobre que el nombre de una persona
pueda ser “ShiIiiKita Mimosa”;
confiando en una foto que en el mejor de los casos puede ser el rostro que lo
identifique (pero no necesariamente), en esa fotografía puede estar su perro,
su tío, su abuelo, su héroe favorito o el cantante de rock con mejor fama; en
el caso de que sea una persona la que aparezca en la foto, porque también
suelen poner dibujos animados, frases, paisajes y demás; la pregunta en esos últimos
casos sería: ¿Torre Eiffel quiere ser mi amiga? O ¿Chistiano Ronaldo? O ¿Bobby,
el perro de este ser que no se quién es? Nunca medí los límites de mi
conocimiento público pero parece que son insospechados. Otro dato es lo insólito
del nivel de esta búsqueda amistosa, o el supuesto nivel, porque nunca sabremos
la certeza de los datos que se manejan, pero siendo un poco crédulos y
confiando en esos datos, puede proponernos amistad desde un afgano hasta un neoyorkino,
sin filtros de distancias, y por más que la tecnología las acorte, tampoco harán
uso de estos beneficios porque no pretenden comunicarse, solo suman “amistades”.
Ellos son un monumento a Roberto
Carlos, juegan competencias virtuales para ver quién posee más amigos en las
listas de estas famosas redes, y apostaría dinero a que no llegan a hablar ni
con la mitad de sus contactos amistosos, pueden agregarte pero jamás hablarte. ¿El
sentido? Acumular gente; así como los políticos acumulan votos, ellos acumulan
amigos y cada día que pasa degradan un poco más el término amistad; que pierde
valor, como otro efecto de la globalización en la que estamos inmersos:
globalización tecnológica, económica y de valores.
Por eso les pido, queridos lectores:
amíguense con sus verdaderos amigos. Y les pido encarecidamente a los
encargados de estas redes sociales, que sepan separar el concepto “amistad” de
todos los otros rubros: gente conocida, gente a conocer, contactos laborales,
famosos y demás. Que no se pierda entre la actualidad y la “tecnologización” el valor de los seres más
preciados que un ser vivo puede tener.
Ella es el ser mas preciado que yo puedo tener como amiga.

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