Este libro me enseñaba que no todos los chicos tenían una infancia feliz. En vez de dedicar su tiempo yendo al colegio, tenía que ir forzado a trabajar, yo no podía entender que a esa edad, tuviera que preocuparse por el dinero, en vez de por cuál era el dibujito que estaban pasando en la televisión, o porque se hacía la hora de entrar a casa mientras andaban a diez mil por hora en bicicleta; me mostró que no a todos les daban los gustos como a mi, aunque se portaban mucho mejor, tarea fácil porque yo no era un monumento a la obediencia, sino todo lo contrario, no hacía las macanas de Zezé, no inventaba víboras de tela para asustar a las vecinas, pero sí me vivía trepando a los árboles como la mejor versión femenina de Tarzán, y no había vez que no volviera con un chichón o una raspadura, y si bien algún chirlo me habían dado, no me degradaban como a ese chico, y eso que él sentía, a mí me dolía muchísimo.
Hace poco pude leer la continuación, "Vamos a calentar el sol", mostrándome una mejora en la vida de Zezé, lo cual me dejó un poco más tranquila, pero a la vez decepcionada, porque apenas una sola vez se me pusieron los ojos vidriosos en todo el libro, lo que me sembró una duda: ¿Me volví insensible en el camino de los 10 años hasta hoy, cambió mi manera de ver las cosas, o simplemente la vida de Zezé había dejado de ser tan trágica?
Buen relato de la experiencia. Me gusta mucho la forma interrogativa del final.
ResponderBorrarCoincido con Carla con respecto a lo de la interrogativa, tenes mucha creatividad para dar vida a tus relatos y siempre encontrás la manera de cerrarlos con gracia. No leí Mi Planta De Naranja Lima, a pesar de que me lo dieron para leer en la primaria, pero por lo que contás parece ser una buena propuesta para aprender a ponerse en el lugar del otro, tarea difícil parafraseando tu nota.
ResponderBorrarMe impactó mucho que llores con un libro, me dan ganas de leerlo a partir de esto. También me pareció interesante la comparación que hiciste entre vos misma y el personaje.
ResponderBorrar