¿Los argentinos cumplen las normas de tránsito? Por Lorena Fernández Bravo y Juan Del Acqua, para Revista ¿Qué opinas?
Seremos directos. Los argentinos somos poco estrictos con el cumplimiento de las normas de tránsito. Basta con pararse a mirar la calle con atención, para entender la situación.
Las transgresiones hacia las normas de tránsito (desgraciadamente) son variadas, desde pasar un semáforo en rojo, a estacionar donde no corresponde, sin olvidar el exceso de velocidad. Y se puede seguir, desgraciadamente, se puede seguir.
Vivimos en una sociedad en donde las normas parecen estar hechas para no ser respetadas, la ventaja individual está por encima del respeto hacia el otro, a tal punto que no se respeta ni la fila del colectivo. Un gesto de solidaridad parece tener el mismo valor que el gol de Maradona a los ingleses.
¿Cuál será el motivo por el que no se respetan las normas de tránsito? Si al fin y al cabo la gran mayoría de los siniestros acontecen por el incumplimiento de las mismas. Quizás sea el poco tiempo que tiene la gente. Pero, ¿el apuro puede justificar una víctima fatal? No, claro que no. Por lo tanto, el problema no es solo "el apuro", sino la falta de conciencia de quien está a cargo del volante. Por supuesto que no se puede poner en un mismo plano a la persona que conduce en un estado de conciencia plena y a la que pasa un semáforo en rojo, pero los resultados igualmente pueden ser lo mismo.
Estadísticas de la dirección nacional de observatorio vial (Informe sobre siniestros 2013. El mismo fue extraído del sitio web de la dirección nacional del observatorio vial.), ente que depende del ministerio del interior y transporte, dice que el 70,5% de los siniestros son diurnos y los que restan (29,5%) son nocturnos. En otras palabras, la mayoría de los accidentes son causado en momentos laborales o de trámites, donde el tiempo apremia. En consecuencia, para algunas personas, el precio de llegar más rápido es transgredir la norma. Una recomendación: salgan con más tiempo de anticipación.
Nos gustaría escuchar la frase "Los argentinos manejan mal", pero que la frase salga de la boca de alguien que no se crea excluido en ella, que no sea cosa de "los otros". La gente cree que la culpa la tiene el otro, el argentino utiliza esta especie de mecanismo psicológico, poniendo los males en "la gente". Les pedimos a quienes estén leyendo que dejen de proyectar las faltas del otro y comiencen a hacerse cargo de que son todos los que formamos parte del tránsito, por lo tanto, hay que respetar las normas si queremos que el sistema funcione correctamente.
No nos excluimos, no nos lavamos las manos, ni delegamos responsabilidades. Somos conscientes de que hay situaciones que se prestan para evadir las normas, como un semáforo en rojo a las tres de la madrugada, en una calle vacía, porque parece que nada malo puede suceder, y eso es lo que muchas veces lleva a transgredir. Pero lo inesperado puede ocurrir, y cuando ocurre, no hay lugar para arrepentimientos tardíos.
La consecuencia de no cumplir las normas de tránsito pueden ser simples multas, donde se supone que uno repara la falta abonando una suma de dinero. Pero una muerte no se paga, al que se va nadie lo devuelve. Como dice el slogan, si se puede evitar no es un accidente.