sábado, 22 de noviembre de 2014

Los argentinos al volante


¿Los argentinos cumplen las normas de tránsito? Por Lorena Fernández Bravo y Juan Del Acqua, para Revista ¿Qué opinas?

Seremos directos. Los argentinos somos poco estrictos con el cumplimiento de las normas de tránsito. Basta con pararse a mirar la calle con atención, para entender la situación. 
Las transgresiones hacia las normas de tránsito (desgraciadamente) son variadas, desde pasar un semáforo en rojo, a estacionar donde no corresponde, sin olvidar el exceso de velocidad. Y se puede seguir, desgraciadamente, se puede seguir.
Vivimos en una sociedad en donde las normas parecen estar hechas para no ser respetadas, la ventaja individual está por encima del respeto hacia el otro, a tal punto que no se respeta ni la fila del colectivo. Un gesto de solidaridad parece tener el mismo valor que el gol de Maradona a los ingleses.
¿Cuál será el motivo por el que no se respetan las normas de tránsito? Si al fin y al cabo la gran mayoría de los siniestros acontecen por el incumplimiento de las mismas. Quizás sea el poco tiempo que tiene la gente. Pero, ¿el apuro puede justificar una víctima fatal? No, claro que no. Por lo tanto, el problema no es solo "el apuro", sino la falta de conciencia de quien está a cargo del volante. Por supuesto que no se puede poner en un mismo plano a la persona que conduce en un estado de conciencia plena y a la que pasa un semáforo en rojo, pero los resultados igualmente pueden ser lo mismo.
Estadísticas de la dirección nacional de observatorio vial (Informe sobre siniestros 2013. El mismo fue extraído del sitio web de la dirección nacional del observatorio vial.), ente que depende del ministerio del interior y transporte, dice que el 70,5% de los siniestros son diurnos y los que restan (29,5%) son nocturnos. En otras palabras, la mayoría de los accidentes son causado en momentos laborales o de trámites, donde el tiempo apremia. En consecuencia, para algunas personas, el precio de llegar más rápido es transgredir la norma. Una recomendación: salgan con más tiempo de anticipación.
Nos gustaría escuchar la frase "Los argentinos manejan mal", pero que la frase salga de la boca de alguien que no se crea excluido en ella, que no sea cosa de "los otros". La gente cree que la culpa la tiene el otro, el argentino utiliza esta especie de mecanismo psicológico, poniendo los males en "la gente". Les pedimos a quienes estén leyendo que dejen de proyectar las faltas del otro y comiencen a hacerse cargo de que son todos los que formamos parte del tránsito, por lo tanto, hay que respetar las normas si queremos que el sistema funcione correctamente.
No nos excluimos, no nos lavamos las manos, ni delegamos responsabilidades. Somos conscientes de que hay situaciones que se prestan para evadir las normas, como un semáforo en rojo a las tres de la madrugada, en una calle vacía, porque parece que nada malo puede suceder, y eso es lo que muchas veces lleva a transgredir. Pero lo inesperado puede ocurrir, y cuando ocurre, no hay lugar para arrepentimientos tardíos.
La consecuencia de no cumplir las normas de tránsito pueden ser simples multas, donde se supone que uno repara la falta abonando una suma de dinero. Pero una muerte no se paga, al que se va nadie lo devuelve. Como dice el slogan, si se puede evitar no es un accidente.


"El buitre", Franz Kafka.


      Érase un buitre que picoteaba los pies de Juan. Ya había desgarrado sus zapatos y las medias y, ahora, le picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, miró un rato al buitre y a Juan y le preguntó por qué toleraba que lo picotee.
-Estoy indefenso -contestó Juan-.
El buitre había empezado a picotearlo y aunque Juan quiso espantarlo y, hasta torcerle el pescuezo, sabía que ese animal era muy fuerte y que le saltaría a la cara. Por eso prefirió sacrificar sus pies que ya estaban casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar –dijo el señor; un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? –Preguntó Juan-, ¿quiere encargarse usted del asunto? –inquirió desde el piso.
-Encantado –dijo el señor- y agregó: -no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
Juan no sabia que responder y por un instante se quedó rígido de dolor; aunque suplicó que pruebe de todos modos.

El buitre había escuchado tranquilamente todo el diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y Juan. El animal había comprendido todo: voló un poco lejos, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó profundamente el pico en la boca de Juan. Al caer de espaldas, sintió como una liberación: en su sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

Los géneros discursivos

Cada esfera de la actividad humana se relaciona con el uso de la lengua, y, a su vez, a cada una le pertenecen los enunciados de sus participantes, estos cuentan con un contenido temático y un estilo verbal específico según el género discursivo al que pertenezcan. Por lo tanto, definimos géneros discursivos a los enunciados relativamente estables que se producen en cada esfera de la actividad y comunicación humana. Además, existen géneros primarios, que se dan en situaciones informales, y secundarios, que absorben y reelaboran diversos géneros primarios. A su vez, cada esfera cuenta con sus propios géneros, según sus condiciones específicas, su función y sus condiciones determinadas, y cada género le corresponden diferentes estilos.

 Teniendo en cuenta los conceptos detallados hasta el momento, en la comunicación discursiva actúa un hablante con sus procesos activos y un oyente con sus procesos pasivos de recepción y comprensión; en cuanto al oyente, al percibir y comprender el significado del discurso simultáneamente toma con respecto a éste una activa postura de respuesta, que está en formación a lo largo de todo el proceso de audición y comprensión desde el principio, y al generar una respuesta el oyente se convierte en hablante.

 Por otro lado, todo enunciado es un eslabón en la cadena, muy complejamente organizada, de otros enunciados. Éstos son la unidad real de la comunicación discursiva y las fronteras de cada uno se determinan por el cambio de los sujetos discursivos. La posibilidad de ser contestado es un rasgo constitutivo que se determina por el agotamiento del sentido su objeto; la intencionalidad discursiva y las formas típicas, genéricas y estructurales de conclusión. La oración, en cambio, es la unidad de la lengua; sus límites jamás se determinan por el cambio de sujetos discursivos. Es una idea relativamente concluida que se relaciona de una manera inmediata con otras ideas de un mismo hablante dentro de la totalidad de su enunciado. Además, el contexto de una oración vienen a ser el contexto del discurso de un mismo hablante; la oración no se relaciona inmediatamente y por sí misma con el contexto de la realidad extra verbal y con los enunciados de otros ambientes, sino que se vincula a ellos a través de todo el contexto verbal que la rodea, es decir, a través del enunciado en su totalidad.


 Por otro lado, los géneros discursivos los podemos definir como históricos. Se desarrollan a medida que se realiza la esfera a la que pertenecen. Además, algunos géneros desaparecen y otros se transforman, esto se da a partir de los cambios sociales y culturales que se van produciendo. Otra característica de los géneros es su heterogeneidad, es decir, pueden ser orales y escritos. Pueden ser géneros altamente estandarizados o géneros más libres y cuanto mayor es el dominio, mayor es la libertad para innovar.

Que en paz descanses

Aguafuerte sobre Nuevas tecnologías y tipos sociales,
 en colaboración de Rocio Moyano y Andres Staller.

En este instante se me viene a la cabeza una anécdota que siempre recuerdo y comparto con mis allegados y sirve para introducirnos en el tema. Seguramente tenga muchas otras y a medida que aparezcan en mi mente las iré contando.                                                                                                                                        
     Años atrás, trabajaba para una agencia de medios en la parte de investigación y redacción. Me encargaba de buscar todo tipo de noticias nacionales y luego redactarlas: políticas, policiales, insólitas, deportivas, entre otras. Recuerdo haber leído cada noticia insólita que hasta llegué a dudar de su veracidad. Con el correr de los años, entendí, que siempre va a haber alguien que me sorprenda, para bien o para mal.

     Coleccionistas de muñecas viejas, fanáticos empedernidos y obsesionados de cualquier cosa;  gente con trastornos obsesivos compulsivos, fueron algunos de los que se cruzaron en mi camino. Lo más interesante era, previo a la redacción, ir hasta el lugar de los hechos y ser una especie de cronista/investigador y tratar de conseguir la mayor información extra y complementaria para sumar datos a la noticia. Todo esto, por supuesto, en tiempo record.

     A pesar de estar en contacto permanente con este tipo de historias, nunca me voy a olvidar la sensación que sentí cuando me enteré de algo que me sorprendió totalmente: a Darío, víctima fallecida el 18 de julio de 2013, le firmaban, en las redes sociales, saludándolo por su cumpleaños.


EL ACCIDENTE

     Darío Petriccelli tenía 45 años de edad, estaba casado con Analía –con quien tenía dos hijos- y residía en el barrio porteño de Villa Devoto. Sociable, alegre, extrovertido y trabajador eran algunos de los adjetivos que lo caracterizaban.

      El final de Darío fue inesperado para su familia. De un día para el otro, él ya no estaba. Cuando se encontraba manejando de regreso a su casa, después de cumplir con su jornada laboral, colisionó frente a otro vehículo y, el impacto, le quitó la vida. Hacerle la entrevista a Analía, su esposa, no fue para nada sencillo. Ella sufrió mucho la pérdida de su marido y le costó abrirse frente a un micrófono. Pocos días después, Darío hubiese cumplido 46 años.


QUE LOS CUMPLAS FELIZ


     Lo sorprendente de la noticia no fue el accidente en sí -que de por sí fue bastante traumático-, sino la repercusión que tuvo en las redes sociales, la fecha en la que cumpliría años. Miles de desconocidos comenzaron a seguirlo masivamente en Twitter mientras que, la biografía de su Facebook, se inundó de saludos por su cumpleaños. ¿De qué manera podríamos llamar a este fenómeno social que genera el uso de estas nuevas tecnologías? Si la muerte implica una desaparición física y una separación con el otro, la red social estaría generando lo contrario: sumar seguidores, mantener viva su llama y ser un canal de comunicación “virtual” con el fallecido. Seguramente no tendrá lógica, o sí, desde lo irracional. ¿Será una especie de transición del duelo o simplemente un cambio de hábitos? Parecería que el uso de nuevas tecnologías, como las redes sociales, estaría podría estar cambiando la manera de relacionarnos con las personas que ya no están.  


Allá viene el amanecer

En colaboración de Juan Dell Acqua y Andres Staller

Un proceso diario: el amanecer 


 La fase anterior se denomina comúnmente  como “noche”. Usted puede reconocerla observando el cielo: Por un lado, se aprecian pequeños puntos que brillan diseminados a lo largo de la oscuridad; también cuenta con un cuerpo redondo -de mayor tamaño- que se impone en el firmamento reflejando destellos de luz.  Sin embargo, la oscuridad predomina.


Al cabo de unas horas las sombras comienzan a disiparse, indicio de que el proceso ha comenzado. Aparecen las primeras luces denominadas “lucero del alba”. ¿Cuál es el origen de esta luminosidad? Allá, lo lejos del horizonte, comienza el ascenso de un astro dorado denominado sol. Este produce destellos de luz que iluminan el cielo. Cuando La salida del sol en el firmamento se completa, significa que se desarrolló por completo el proceso coloquialmente conocido como “amanecer”.   

Un dibujo animado: el amanecer

De ambos lados del océano, por delate y por detrás de las montañas, dentro y fuera de la selva, en todos lados la vida se divide en dos: el día y la noche. 
Hay un lugar, en alguna parte oculta del planisferio, donde cuando comienza a asomarse el sol, la gente sale despedida de la cama, los trajes de baño se ponen solos en los cuerpos como si tuvieran imanes. En la playa hay miles de reposeras esperando ser ocupadas y los protectores solares no dan a basto, se oye música a todo volumen y las notas musicales bailan al compás, nadie queda sin moverse, desde el perro y el sofá hasta la tátara abuela y su bastón. Los cócteles más refrescantes llegan a la mesa para ser saboreados y entre toda esa multitud, hay un rey de la fiesta, con ustedes: el señor Sol. 
El sol en este maravilloso acto, que es el amanecer, se asoma de a poco, le gusta hacerse desear, disfruta de los preparativos cuando aparecen sus primeros hilos dorados, y cuando se ve de cuerpo entero sobre el firmamento, le gusta saludar a su público. Aquí ya amaneció.
El saludo de sol tiene todo un particular estilo. Baja un poco sus lentes de él, y arqueando una sola ceja, con su mejor ánimo dice: "¿Qué hay de nuevo viejo?", la respuesta de la gente es lo que más le gusta.
Pero todo tiene un final, todo termina, después del amanecer y cuando ya se acaba el día, se palpita cierta incomodidad, las sonrisas comienzan a perderse entre los rostros, se baja el volumen de la música, los vasos quedan vacíos y el sol no se quiere ir pero la ley de rotación manda en este juego.
Al llegar la noche los cuerpos comienzan a palidecer y todo se tiñe de gris, las pieles se arrugan, los ánimos se tornan violentos y una noche zombie comienza a florecer.


¿El fin de los locutorio?

En colaboración de Luongo, Ignacio; Méndez, Juan; Soria, Romina.

    Lanús Este, año 2014. Pichi es un hombre que está al frente de un histórico locutorio, ubicado dentro de una galería en el centro de Lanús y frente al famoso supermercado "La Genovesa". En 1989, abrió este emprendimiento junto a su esposa Catalina y, con muchos altibajos, ambos lo mantuvieron hasta la actualidad, siendo la cabeza de este negocio dedicado a los servicios de telefonía, y que ahora también incluye servicios de Internet.
Pichi es un hombre caracterizado por su habilidad para los negocios y las relaciones interpersonales, aunque su principal rasgo es el sentido del humor que le garantizó una gran masa de clientes durante los primeros meses y logra mantenerlos tras varios años al frente del locutorio.
Después de la privatización de la telefonía en la Argentina, entre muchos procesos a nivel social, se inició uno que sirvió de sostén para la economía de muchas familias de ingreso medio en el país: los locutorios. Un lugar donde muchos de nosotros se comunicaron, imprimieron, escribieron, jugaron y hasta se enamoraron. Un lugar histórico que ahora busca una salvación.
Aunque muchos de lo que concurren frecuentemente aseguran que siguen yendo con la misma intensidad de aquellos primeros años, el boom de los locutorios claramente pasó. Agustín, un vecino que vive a dos cuadras del locutorio, asegura que “nunca dejé de ir a lo de Pichi, siempre voy, me cuenta las novedades y nos ponemos al día con la excusa de alguna que otra llamadita o algo por el estilo”.
Durante los primeros años de las privatizaciones, los locutorios –que después se convirtieron en cybers y después en una miscelánea donde se ofrece de todo– fueron un negocio rentable por varias razones, entre ellas, dos básicas: las regulaciones a las licencias de funcionamiento y las tarifas de teléfono vigentes.
Las licencias de funcionamiento tenían una restricción de espacio que no permitía que existiera otro locutorio que hiciera competencia en al menos 400 metros a la redonda. Fue una forma de tener un negocio sólido que ayudaba a la economía local y, según como estuviera la demanda, permitía la contratación de un colaborador que podía apoyar los distintos turnos. Leticia, otra vecina, parece conocer de esto y por eso “solo voy a lo de Pichi, de hecho no conozco otro locutorio en todo Lanús”.
En todos estos años, el locutorio de Pichi vivió las transformaciones, tanto físicas como culturales y sociales, que han sucedido en el terreno del negocio de la telefonía. Durante la primera etapa comentaba que era redituable contar con un emprendimiento relacionado a algún servicio y rescata ciertos puntos positivos pese a las variaciones en el rubro.
Debido a la falta de competencia y al todavía incipiente negocio de los celulares, los minutos tenían un valor que también permitía crecer de manera rentable. Sin embargo, a los 3 años, las telefónicas liberaron las licencias y se inició un boom de esta clase de emprendimientos comerciales que amenazaron su rentabilidad. Junto con otros agravantes, como los gastos de funcionamientos, las tarifas en aumento y las nuevas tecnologías, los locutorios entraron en un camino difícil en la relación costo-beneficio, que cada día se fue acortando más. Pese a esta decadencia en el área, podemos percibir según testimonios de los clientes habituales de “Pichi” que siguen consumiendo del local, sobretodo realizar llamadas a celulares y a larga distancia, cosas que a veces se dificulta para hacer desde la casa o desde teléfonos móviles.
Haciendo memoria, para Pichi las cosas no son iguales a las de hace una década atrás. En contra a las declaraciones de sus fieles clientes, el negocio de servicios como los locutorios no es redituable hoy en día, y el comerciante acusa a las compañías telefónicas de no aumentar la tarifa en las telecomunicaciones, que siguen siendo igual al año 1999. Al respecto afirma: "hoy sale lo mismo hablar 5 horas que media hora, la gente no mira el reloj de llamado cuando antes a los 5 minutos cortaban porque les parecía caro. Si tuviese que pagar alquiler no llegaría y tendría que cerrar cuando antes esto no pasaba".
Estos cambios experimentados por "Pichi" marcan que las épocas han cambiado. Y que si bien los cambios tecnológicos influyeron, para él no son los principales responsables de la baja en la demanda de los servicios de telefonía como lo es un locutorio.
Debido a estas modificaciones, recurrió a nuevas formas de servicios, como lo es internet y la carga de celulares. Los cambios dentro de su negocio son fundamentalmente producidos por la necesidad de mantener un caudal de demanda relativamente estable entre los primeros años y la actualidad.
“Una de las principales razones de los clientes a la hora de no frecuentar los cybers era la del estado de los equipos, que en su mayoría, tenían condiciones técnicas muy precarias. Otro fenómeno que empezó a afectar el negocio fue la proliferación del celular y la venta de computadoras portátiles”, asegura el dueño del negocio.
Un locutorio se inició como eso, como la posibilidad de comunicarse en la calle cuando no se estaba cerca del hogar o del lugar de trabajo. En un principio sólo fue telefonía; después, Internet. Cada negocio tenía entre 4 y 7 cabinas de teléfono e igual número de computadoras. Había hogares que contaban con PC´s, pero esos siempre fueron casos especiales. “Si bien la mayoría de los propietarios de locutorios y cybers aseveran que “todo el mundo tiene una computadora con acceso a Internet”, cabe destacar que si uno se remite a las estadísticas, sólo una parte de la población Argentina tiene acceso a Internet desde su casa. Es un fenómeno que no se advierte al vivir en grandes capitales, pero los números de dicha estadística a nivel nacional oscilan entre un 40 y 45% de personas con libre navegación por conexión de banda ancha, sin incluir la navegación de modo 3G (celulares)”. La opinión de Pichi nos hace pensar que así era un locutorio “puro”, funcionando en una frecuencia de diez horas –de 8 a 18– o con doble turno. Sin embargo, muy pocos sobrevivieron a este modelo. Para que las llamadas fueran rentables, había que cobrarlas al doble de lo que valían normalmente y, según cálculos de los mismos propietarios, para que el negocio resultara en materia de Internet, había que tener muchas máquinas en uso.

Me opongo a Horkheimer y Adorno

Según Horkheimer y Adorno, los medios de comunicación aíslan a las personas, en una variedad de campos, desde las emisiones radiales hasta los espacios laborales.
 Pero hay que tener en cuenta que la primera edición de “Aislamiento por comunicación”” es de 1944, en Alemania, hacia el final del Nazismo, lo que deja ver que su lecho era una sociedad susceptible.
 En la actualidad, los medios de comunicación lo que menos producen es aislamiento, en realidad acortan las distancias más que nunca. Gracias a la evolución y las transformaciones de los medios, hoy podemos hablar con personas que están “del otro lado charco”; podemos comunicarnos con más de una persona a la vez y no conformarnos solo con escuchar su vos, también podemos ver sus rostros; podemos hablar con un familiar o un gran amigo, a la vez hacer un trabajo para la facultad y leer el diario online. 
Aislamiento es otra cosa.
 Hacen referencia a que el mensaje del locutor radial impide que los hombres hablen entre sí. Puedo haber sucedido en los ’40 cuando tenían que estar prestando atención a la voz que salía del alto parlante; pero hoy en día así como en un bar se puede debatir sobre determinado tema, muchas radios tienen una página en la web, cuando no disponen de una línea telefónica para que sus oyentes puedan participar del tema del día.
El autismo es otra cosa.
 En los tiempos que vivimos, podemos agradecer que la sociedad se vuelve cada vez un poco más consciente. Puede ser que sea porque “hoy” vemos las consecuencias de los malos comportamientos del pasado, las equivocaciones de ese momento, la poca conciencia ambiental y social. En el siglo XXI constantemente surgen nuevos emprendimientos para reparar y comenzar a cuidar nuestro planeta, para conscientizar  a la sociedad sobre la inseguridad, marginalidad, injusticias y demás. Los medios de comunicación son los encargados de promocionar la participación en todos estos planes que nos ayudan a ser cada día un poquito mejor. 
Sofocar es otra cosa.
 Con respecto a las nuevas estructuras de los espacios laborales, se puede tornar bastante debatible. Esto tiene sobre todo un fin económico, a medida que es menor el contacto del trabajador con su colega, y mayor el que tiene con su cliente; mayor se vuelve su productividad, y quien sale beneficiada es la empresa. Lo que no se tiene en cuenta es que el empleado necesita tener contacto muchas veces con sus compañeros, no solo para distraerse, sino también para informarse sobre cómo realizar su trabajo. Pero en contraste a las palabras de Horkheimer y Adorno, el empleado, solo en su escritorio, tiene toda la compañía de los medios de comunicación que le puede ofrecer su PC, todo el control lo tiene en ese cubo, puede refutarle al cliente lo que quiera con la información que puede obtener en Internet, y va a poder operar con todos los sistemas que tenga en su computador. 
El empleado no queda expuesto, él tiene el poder.
 La garantía que nos ofrece la evolución de los medios de comunicación contra la pérdida de tiempo, la vemos en todos lados, y es la que nos hace, otra vez, más productivos. Encontramos personas, en los medios de transporte, trabajando desde sus teléfonos móviles; en el parque, trabajando desde sus laptop; en los restaurantes y hasta en las juntadas familiares o con amigos, siempre prendidos al que antiguamente era solo un dispositivo para comunicarse con una persona, y hoy es además una gran herramienta de trabajo. No se pierde tiempo, se produce tiempo.
 Por último la comunicación iguala a los hombres aislándolos, según estos dos autores. Lo que no llegan a ver es que en ese aparente aislamiento, todos los hombres están interconectados, cada uno en su espacio, porque tienen la libertad de poder hacer sus tareas sin dejar de estar en contacto con el mundo.


La evolución de los medios de comunicación produjo y seguirá produciendo un gran impacto en la sociedad. Hay que estar atentos para ver sus beneficios.