jueves, 12 de junio de 2014

Cuando leí lo que no sabía

     Alrededor de los 10 años, me crucé con un libro que me mostró una realidad desconocida, hasta ese entonces, para mí. Tengo un hermano 5 años mayor que yo, a quién en el colegio le hicieron leer "Mi planta de naranja-lima", de José Mauro de Vasconcelos, un escritor brasilero. A mí siempre me gusto leer, y al ver rondar ese libro por mi casa, decidí hacerle un lugar entre mis manos y prestarle un poco de atención. Solía leer en la cama, cuando tenía ganas y no tenía que hacer tarea. Prefería estar sola pues era un libro que me emocionaba mucho y pasaba todo el tiempo llorando; por eso no quería que me vieran. No recuerdo muchos detalles si quiero rearmar la escena; lo único que no puedo borrar es como se me caían las lágrimas cada vez que leía las cosas que le pasaban a Zezé, el protagonista del libro, un chico de corta edad, que conoció la tristeza demasiado rápido, de clase baja y con muchos hermanos que ayudaba en su casa lustrando zapatos en la calle. Se divertía con su planta de naranja-lima y de todo él tenía la culpa.
 Este libro me enseñaba que no todos los chicos tenían una infancia feliz. En vez de dedicar su tiempo yendo al colegio, tenía que ir forzado a trabajar, yo no podía entender que a esa edad, tuviera que preocuparse por el dinero, en vez de por cuál era el dibujito que estaban pasando en la televisión, o porque se hacía la hora de entrar a casa mientras andaban a diez mil por hora en bicicleta; me mostró que no a todos les daban los gustos como a mi, aunque se portaban mucho mejor, tarea fácil porque yo no era un monumento a la obediencia, sino todo lo contrario, no hacía las macanas de Zezé, no inventaba víboras de tela para asustar a las vecinas, pero sí me vivía trepando a los árboles como la mejor versión femenina de Tarzán, y no había vez que no volviera con un chichón o una raspadura, y si bien algún chirlo me habían dado, no me degradaban como a ese chico, y eso que él sentía, a mí me dolía muchísimo.
 Hace poco pude leer la continuación, "Vamos a calentar el sol", mostrándome una mejora en la vida de Zezé, lo cual me dejó un poco más tranquila, pero a la vez decepcionada, porque apenas una sola vez se me pusieron los ojos vidriosos en todo el libro, lo que me sembró una duda: ¿Me volví insensible en el camino de los 10 años hasta hoy, cambió mi manera de ver las cosas, o simplemente la vida de Zezé había dejado de ser tan trágica?

3 comentarios:

  1. Buen relato de la experiencia. Me gusta mucho la forma interrogativa del final.

    ResponderBorrar
  2. Coincido con Carla con respecto a lo de la interrogativa, tenes mucha creatividad para dar vida a tus relatos y siempre encontrás la manera de cerrarlos con gracia. No leí Mi Planta De Naranja Lima, a pesar de que me lo dieron para leer en la primaria, pero por lo que contás parece ser una buena propuesta para aprender a ponerse en el lugar del otro, tarea difícil parafraseando tu nota.

    ResponderBorrar
  3. Me impactó mucho que llores con un libro, me dan ganas de leerlo a partir de esto. También me pareció interesante la comparación que hiciste entre vos misma y el personaje.

    ResponderBorrar